El dirigente vuelve a encabezar una lista en la Capital, representando al peronismo. Hasta ahora, no ha logrado traducir su presencia en las urnas en una victoria concreta.

Leandro Santoro vuelve a ser candidato en la Ciudad de Buenos Aires, esta vez como legislador porteño por el espacio Es Ahora Buenos Aires. Con una presencia sostenida en las boletas del peronismo desde hace casi una década, su nombre se ha vuelto habitual en cada elección. Sin embargo, esa visibilidad no se ha traducido en una victoria contundente que lo posicione como un líder consolidado en un distrito históricamente adverso para el peronismo.

Su recorrido electoral es extenso. En 2015, fue candidato a vicejefe de Gobierno porteño junto a Mariano Recalde, perdiendo ante Horacio Rodríguez Larreta. Dos años más tarde, encabezó la lista de legisladores de Unidad Ciudadana, accediendo a una banca pero sin romper la hegemonía del PRO. En 2021, compitió como primer candidato a diputado nacional por el Frente de Todos y quedó en segundo lugar. Y en 2023, fue el principal postulante a jefe de Gobierno, logrando el segundo puesto en la general, pero bajándose del balotaje ante Jorge Macri.

A pesar de los intentos, Santoro no ha logrado capitalizar electoralmente su perfil dialoguista ni sus intentos de transversalidad. Su estrategia de abrir puentes hacia sectores como el radicalismo no ha alcanzado para revertir la apatía del electorado porteño hacia el peronismo. Según encuestas recientes, su intención de voto ronda el 19%, por debajo del libertario Manuel Adorni, lo que refleja un panorama poco alentador para su nuevo intento.

La nueva candidatura de Santoro confirma una constante: el peronismo en la Ciudad parece encerrado en una lógica repetitiva, sin renovación de liderazgos ni estrategias efectivas para disputar el poder real. Con un electorado que prioriza otras ofertas políticas, su figura vuelve a escena más por inercia que por fortaleza, en un contexto en el que cada elección representa una cuesta empinada para su espacio.

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