En plena era digital, el vinilo vive un inesperado resurgimiento. Lejos de desaparecer, las ventas de discos aumentan año tras año y atraen tanto a coleccionistas como a nuevas generaciones que buscan una experiencia distinta al streaming.
Parte del encanto del vinilo reside en lo tangible. El ritual de sacar el disco de su funda, colocarlo en la bandeja y escuchar un álbum completo sin interrupciones genera una conexión más profunda con la música y el artista.
Además, muchos aficionados destacan la calidad del sonido. Aunque el debate técnico continúa, el audio analógico ofrece matices que algunos oyentes perciben como más cálidos y naturales frente a los formatos digitales comprimidos.
Las disquerías independientes también cumplen un rol clave en este fenómeno. Se han convertido en espacios culturales donde se realizan presentaciones, encuentros y recomendaciones personalizadas, fortaleciendo la comunidad musical local.
El regreso del vinilo demuestra que el avance tecnológico no siempre implica reemplazo. En muchos casos, lo nuevo convive con lo clásico, dando lugar a formas híbridas de consumo cultural.




