El cambio climático está transformando la manera en que se diseñan y gestionan las ciudades. Inundaciones, olas de calor y escasez de agua obligan a repensar los espacios urbanos para hacerlos más resilientes frente a fenómenos extremos cada vez más frecuentes.
Una de las soluciones que gana protagonismo es el concepto de “ciudades esponja”. Se trata de entornos urbanos capaces de absorber y reutilizar el agua de lluvia mediante parques, techos verdes y superficies permeables, reduciendo el riesgo de inundaciones y mejorando la calidad ambiental.
La movilidad sostenible es otro pilar fundamental. El impulso al transporte público eléctrico, las ciclovías y los espacios peatonales no solo disminuye las emisiones de carbono, sino que también mejora la salud y la calidad de vida de los habitantes.
La tecnología juega un rol clave en esta transformación. Sensores, datos en tiempo real y sistemas inteligentes permiten gestionar mejor el consumo energético, el tránsito y los servicios públicos, optimizando recursos y reduciendo el impacto ambiental.
Adaptar las ciudades al cambio climático ya no es una opción, sino una necesidad. El éxito dependerá de políticas públicas sostenidas, inversión a largo plazo y una ciudadanía comprometida con un modelo urbano más sostenible y humano.




