Durante décadas, el sueño fue subestimado. Se lo veía como una pérdida de tiempo, un simple descanso entre jornadas. Hoy, la ciencia lo reivindica como uno de los pilares fundamentales del bienestar físico y mental. Dormir bien ya no es un lujo: es una necesidad vital.
Diversos estudios confirman que el descanso reparador influye directamente en la memoria, la concentración y el estado de ánimo. La falta de sueño, en cambio, se asocia a problemas de salud como la obesidad, la ansiedad y las enfermedades cardiovasculares. El cuerpo y la mente necesitan esas horas de desconexión para funcionar correctamente.
En un mundo hiperconectado, lograr un buen descanso se volvió un desafío. Las pantallas, el estrés laboral y el ritmo urbano alteran los ciclos naturales del sueño. Por eso, cada vez más personas adoptan rutinas de “higiene del sueño” que incluyen apagar dispositivos, regular horarios y crear ambientes propicios para dormir.
El mercado del bienestar también tomó nota. Proliferan las aplicaciones para monitorear el descanso, los colchones inteligentes y los retiros dedicados al sueño profundo. Lo que antes era un tema médico hoy forma parte de la cultura del autocuidado.
A nivel empresarial, algunas compañías implementan políticas que promueven el descanso adecuado de sus empleados, conscientes de que un trabajador descansado es más creativo, empático y productivo. El bienestar comienza por dormir.
Recuperar el sueño perdido es, quizás, la revolución más silenciosa del siglo XXI. Dormir bien no solo mejora la salud: también redefine la manera en que vivimos y nos relacionamos con nosotros mismos.




