A diez años de la histórica movilización contra la violencia de género, las cifras de femicidios en Argentina se mantienen alarmantes y las políticas públicas sufren recortes que afectan los avances logrados.
El 3 de junio de 2015, el femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada en Santa Fe, encendió la chispa que dio origen al movimiento Ni Una Menos. Desde entonces, la lucha contra la violencia machista se ha visibilizado, pero las estadísticas muestran que los femicidios no han disminuido significativamente. En 2015 se registraron 286 casos, y en 2024 la cifra ascendió a 294, con un mínimo de 273 en 2018.
A pesar de avances legislativos como la Ley de Paridad de Género, la Ley Micaela y la legalización del aborto, en los últimos meses se observa un retroceso en políticas públicas destinadas a proteger a las mujeres. La reducción presupuestaria y el desmantelamiento de programas de asistencia a víctimas de violencia de género generan preocupación entre organizaciones sociales y familiares de víctimas.
A una década del primer grito de Ni Una Menos, la sociedad argentina enfrenta el desafío de sostener y profundizar las conquistas logradas. La persistencia de la violencia de género y la falta de respuestas efectivas por parte del Estado evidencian la necesidad de renovar el compromiso colectivo para erradicar esta problemática.





