El candidato para legislador porteño marcó distancia con el kirchnerismo y evitó la identificación con este sector. Además, busca generar más apoyo entre sectores radicales, reforzando su postura alfonsinista y reivindicando un modelo que terminó en colapso.
A poco tiempo de las elecciones, Leandro Santoro protagoniza una ruptura discursiva que marca un punto de inflexión en su carrera política: “El kirchnerismo no es mi identidad”, declaró con contundencia.
Este distanciamiento no solo señala un intento por despegarse de una fuerza política que ha generado fuertes divisiones, sino que también busca construir una alternativa más moderada y dialoguista en el escenario porteño, donde las posiciones extremas suelen generar rechazo.
En paralelo, Santoro refuerza su identidad alfonsinista, apelando a los valores del radicalismo progresista que marcaron los años ochenta. Su estrategia apunta a recuperar el legado de Raúl Alfonsín como símbolo de ética pública, institucionalidad y consenso democrático. Sin embargo, este modelo, si bien valorado simbólicamente, también carga con el peso de haber colapsado en un contexto de crisis económica y falta de respuestas eficaces, lo que plantea interrogantes sobre su viabilidad en el presente.





